domingo, 28 de noviembre de 2010

ES VANIDAD NO ES ANGUSTIA

¿Es angustia lo que siento?- preguntaba como esperando una respuesta del cielo- ¿es angustia lo que siento?
¡No!- subitamente oia desde lo mas profundo de su alma- ¡No es angustia, es vanidad!
Sin entender bien el porqué acaba por creerlo. Una mujer ama a un hombre y su humildad debe ser la prueba mas fiel de su afecto. No han de ensuciarse hojas limpias pero si se ensucian... Ser asi era su problema y es que a cariño no le ganaba ni el querubin mas dulce. Regalar besos cada dia en el mercado era su aficion, repartir abrazos sin mirar a quien y sin la mas minima nota de algo mas que afecto. Pero a ojos de su hombre eso no era sino simple afan de amargarlo, de hacerle ver que no es el único capaz de complacerla. No era de sobra el amor que le daba en cada gesto, queria mas y, cuando ella llegaba a casa con los ojos brillantes de haberse reido, con la cara rosada de haber hecho el camino hasta casa entre amigos y bromas encontraba a su hombre sediento de besos y hambriento de carne que sin llegar a a gritar le recordaba su defecto a modo de enmienda. Los celos secaron tiempo atrás esos labios de roja salud y jugo de estrellas de los que se enamoro. Debía aguantar aquello pues no merecía menos, era la forma de pagar con roja moneda por el exceso de amor repartido. Pero aquel día, pago con moneda negra, cegado entre celo y celos, con la saña que alcohol le transfirió desde dentro, apretó su cuello en exceso y oyó un sonido entre chasquido y grito, en su cabeza entre tanto una frase de aliento "es vanidad lo que siento. Es vanidad no es dolor. Pues merecerlo merezco y, aunque no me quede aliento, no es violencia es amor".
Al día siguiente el mercado cual cripta de sucias almas se hallaba en silencio ojeroso y sus gentes como mustias, esperaban abrazos y besos y en su lugar hallaron error, impotencia de saber que es tarde y la noticia mas oscura que el mas intenso azabache de que esos besos diarios, esa alegría que bebían cuando iban allí ya no estaba. Un anciano que no tenia cariño mas que el que ella le daba soltó una lagrima y dijo " ya no me queda nada, ni un un beso ni una sonrisa ni una palabra que me alegre la cara, ¿por que vivir si no ha vida donde antes me la daban?" y el niño de la frutera que sin saber preguntaba "¿quien me dará ahora las fresas untadas en dulce nata? ¿quien sera tripulante de mi barco hecho de cajas?. ¡No es justo mama no es justo!- entre pucheros gritaba, y se apago el cielo ese día y nadie ya conversaba ni en el mercado ni en casa ni el camino de vuelta se vio otra vez su mirada de vida y de luz envuelta, brillante de carcajadas.


Joey del Valle

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En que idioma te lo digo...??