jueves, 2 de septiembre de 2010

Despertar...

Como un resorte el sonido de la sierra radial empujaba mis párpados hacia arriba, taza de cafeína pura para acabar de despertarme del estado de duermevela en el que había entrado allá por las 7 de la mañana y solo. La cama era grande y faltaba sitio por llenar pero en realidad no quería que eso ocurriera. La creatividad de la noche antes aun fluía por mis venas pero iba notando como progresivamente empezaba a ser yo. Me mostraba a mi mismo como realmente era, fenómeno que solo ocurría cuando estaba solo y por eso me gustaba. La soledad, enemiga de la mayoría de la gente, se había convertido por costumbre en mi mejor aliada. Mis dedos parecían querer decir algo y no podían. A la deriva en la red, gastando tiempo sin querer pensar en que podría hacerme falta en otro momento, informándome de cosas que nadie necesita saber, intentando perderme a drede para luego encontrarme de nuevo a la hora de comer. El aburrimiento me acompañaba en mis largos paseos de un lado al otro de la casa y solo tenia claro que mi dedos querían hablar. Decidí permitírselo y los pose lentamente sobre las teclas del ordenador y les vi sonreír. Empezaron a moverse sin control, vibraba como poseído por la energía que liberaban mis manos, la cafeína hacia que cada vez me moviera mas rápido. Las horas pasaban y mis dedos no querían dejar de moverse. No pensaba, estaba en un trance generado por el baile de mis brazos sobre el ordenador. La pantalla se llenaba de símbolos que no quería interpretar y cada vez mi sangre era mas marrón. De repente mis dedos se pararon. yo los forzaba a arrancar a rachas pero no querían. Tras muchos intentos comenzaron a hablar de nuevo, no se bien que querían contarme, quizá el déja-vu de esa misma mañana convertido en prosa y talento. No quería parar era como acelerar todos los relojes del mudo a la vez. Toda la energía de mi cuerpo iba hacia mis dedos. Ansias de contar todo en una frase que nadie entendiera, querer que nunca acabe sin ni siquiera haber empezado, era una melodía de chasqueos que se convertía en letra. Daba gracias al cielo por poder hablar y al infierno por ser yo. No podía ser verdad, todo aquello era sueño, estaba tan abstraído, miraba como se movían mis dedos sobre el mosaico delslumbrados por el brillo de la pantalla. No era yo. Todo se desvanecía el café empezaba a transformarme en mi persona y mis dedos, cada vez mas lentos, se sentían desahogados. Todo empezaba a ser normal, no sabia que había pasado. Sin querer del todo, mi mano acaricio al roedor y, en ese mismo instante todo esto llego a tus ojos.

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